KÓOCH, revista de deportes de montaña. | Una vez más, Lucas Alzamora, Carloncho Guerra y Diego Nakamura se dirigieron a un destino aislado e inhóspito con la excusa de escalar. Tres días de arduo trabajo bajo el calor de Mozambique abrieron una hermosa vía que surca largos de placa, diedros y desplomes con manijas que de encontrarse en otro lugar, sería una gran clásica.
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Categoría
Escalada

KÓOCH #66/4

5 Agosto 2021

 

ESCALAR EN MOZAMBIQUE

 

Una vez más, Lucas Alzamora, Carloncho Guerra y Diego Nakamura se dirigieron a un destino aislado e inhóspito con la excusa de escalar. Tres días de arduo trabajo bajo el calor de África abrieron una hermosa vía que surca largos de placa, diedros y desplomes con manijas que de encontrarse en otro lugar, sería una gran clásica.

 

Relato: Lucas Alzamora

Fotografías: Carloncho Guerra

             Una vez más, nos encontrábamos en un lugar inhóspito, salvaje, alejado y aislado de todo. Con la misma excusa de siempre: escalar. Pero esta vez sabíamos que sería diferente, acá el problema no era el frío, las tormentas, las lluvias o la lejanía. Sino todo lo contrario, en África todo radicaba en soportar las altas temperaturas, el sol abrasador, la falta de agua, las plantas venenosas, las víboras, las enfermedades y los grupos guerrilleros que aun azotan el norte de Mozambique.

Sabíamos que la escalada no iba a ser la mejor y que todos esos factores influían negativamente para disfrutar de una pared, pero queríamos vivir la experiencia de estar en África, viajando e interactuando con su gente. Tratando de comprender cómo se puede vivir así, con tan poco, ser tan humildes, pero manteniendo la alegría en sus rostros.

El punto de partida fue la ciudad de Nampula. Una ciudad pequeña, sucia y abandonada con notables diferencias sociales, pero enmarcada por una belleza única. Desde las calles podíamos contemplar infinidad de morros y paredes con un potencial enorme para la escalada de varios largos, es una región alejada, pero con muchas cualidades para llegar a ser un gran centro de escalada en África.

 

En un recorrido por las calles de la ciudad vimos a lo lejos una torre de piedra de gran tamaño que llamó nuestra atención. Mirando el mapa y sus rutas pudimos ver que se encontraba a no más de 15km de Nampula y un camino o ruta, pasaba por su base. Ese sería nuestro objetivo para los siguientes días. La forma y el tamaño nos parecieron perfectos. La pared tenía sus buenos 400 metros verticales, pero con sistemas de fisuras discontinuos. Algo que ya sabíamos que podía ocurrir antes de salir de Argentina y por lo que decidimos viajar a África con un buen arsenal de equipo: 2 taladros, 100 chapas, 4 cuerdas, ganchos, estribos, empotradores, clavos, etc. Lo llevamos para abrir una vía mixta de gran tamaño que combinara escalada en placas y en fisuras.

 

“queríamos vivir la experiencia de estar en África, viajando e interactuando con su gente. Tratando de comprender cómo se puede vivir así, con tan poco, ser tan humildes, pero manteniendo la alegría en sus rostros”

 

Nos tomamos el trabajo de hablar con varios habitantes de la zona pidiendo permiso para escalar la pared. Las personas sin entender muy bien nuestras intenciones nos autorizaron a subir sin problema; según lo que ellos sabían, la montaña no pertenecía a nadie.

 

Era casi medio día, el calor era insoportable, pero nuestras ganas de escalar no nos hicieron dudar un segundo, salimos para arriba… Me tocó el primer largo, un poco de escalada de placa, un poco de fisura con algo de vegetación: 55 metros de escalada, dos chapas y 6a+ estuvo bien para arrancar. Siguió Loncho; acá la cosa se puso diferente. Menos fisura y más placa con algún pasito en artificial le obligaron a poner más chapas aunque ninguna estuvo de más y metió sus buenos alejes. La tarde iba cayendo y nuestros cuerpos secos bajo el sol nos motivaron a fijar cuerda y bajar.

 

El segundo día arrancó movido. Me tocó abrir un largo de 60 metros en travesía para conectar el sistema de fisuras que nos llevaría bien alto en la pared. El calor era insoportable, el largo llevó mucho tiempo y mucho trabajo ya que no pude colocar ningún empotrador; fue todo a base de chapas. Ya en la reunión debajo del gran diedro, comenzamos a delirar con lo que se venía. Esa tarde pudimos abrir el siguiente largo, una fisura perfecta y limpia nos anticipó lo que nos esperaba más arriba. La tarde nuevamente tocaba su fin, nuevamente fijamos cuerda y para abajo.

 

“Un pilar que se desprendía de la pared, como una gran nariz,  era la línea más elegante. Tres días de arduo trabajo, bajo el sol y el calor de África nos permitieron abrir una vía hermosa de 200 mts, 6b+, A1 que surca el gran pilar”

 

Nuevamente en Nampula, comenzamos a barajar las opciones que teníamos, nos enfocamos en una pared distante unos 100 km, que sabíamos que se podía escalar. Los únicos escaladores que habían visitado la región antes que nosotros habían abierto 2 vías en el monte Liupu. Eso había sido 20 años atrás así que no sabíamos con qué nos encontraríamos, pero igual decidimos ir y probar suerte.

 

Elegimos una línea lógica y atractiva. Un pilar que se desprendía de la pared, como una gran nariz,  era la línea más elegante. Tres días de arduo trabajo, bajo el sol y el calor de África nos permitieron abrir una vía hermosa que surca el gran pilar. Largos de placa, diedros y desplomes con manijas la vuelven en una vía que, de encontrarse en otro lugar, sería una gran clásica. En Mozambique quizá pasen otros 20 años hasta que otros escaladores vuelvan a sus paredes. Con una dificultad moderada, pero con largos con un ambiente y una calidad únicos, Masaroca ardiente, 200 mts, 6b+, A1, fue la culminación de unos días increíbles de escalada y vivencias en Mozambique.

 

Como siempre, gracias a quienes confían en nosotros: PETZL Argentina, La Sportiva Argentina y Ansilta.