KÓOCH, revista de deportes de montaña. | Carlos Molina junto a Nicolas Favresse, Jean-Louis Wertz, Mathieu Maynadier se lanzaron como flechas a explorar los valles remotos de Pathan para ver qué les deparaba el destino en esta nueva aventura.
Revista sobre deportes de montaña. Relatos de aventuras, información sobre destinos y servicios especializados sobre escalada, montañismo, mountain bike, trail running y trekking.
kooch, deportes, montaña, escalada, bulder, montañismo, andinismo, alpinismo, climbing, trekking, cross country, mountain bike, rider, entrenamiento, trail mountain, trail running, mtb, enduro, senderismo, outdoor, patagonia, aconcagua, chalten, fitz roy, viajar, destinos, aventura, explorar, disfrutar, turismo, naturaleza, extremo, equipamiento, indumentaria
16426
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-16426,qode-listing-1.0.1,qode-social-login-1.0,qode-news-1.0,qode-quick-links-1.0,qode-restaurant-1.0,ajax_updown,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-12.0.1,qode-theme-bridge,bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.2,vc_responsive
Categoría
Montañismo

KÓOCH #66/5

1 Agosto 2021

 

DE EXPEDICIÓN POR  PAKISTAN

 

Carlos Molina junto a Nicolas Favresse, Jean-Louis Wertz, Mathieu Maynadier se lanzaron como flechas a explorar los valles remotos de Pathan para ver qué les deparaba el destino en esta nueva aventura. Finalmente abren dos vías y filman un documental que les valió el premio del público a la mejor película en el Festival de cine de montaña Mountains on Stage.

 

Por Carlos Molina

Durante la formación que se desarrollaba en Briançon (Alpes del sur de Francia), aprovechaba los fines de semanas para ir a escalar con Nico Favresse y Mathieu Maynadier. Un día, a la vuelta de la escalada, Nico me preguntó si me gustaría hacer una expedición a Pakistáncon Mathieu, ni lo dudé, me pareció una buena idea. Él conocía valles vírgenes, tenía buenos contactos para poder acceder a ellos y ya había hecho muchas expediciones en Pakistán, con lo cual la logística sería mucho más fácil. Contábamos con algo de información sobre los valles, algo de logística, pero nada en concreto en cuanto a las montañas que podríamos encontrar, aventura total… Para bien o para mal.

Luego de instalarnos en el campo base (a 4.800 m), hicimos un reconocimiento a la pared para saber qué línea elegir, buscando la línea más vía más evidente. Hicimos dos equipos y nos turnábamos para escalar, fijar cuerdas y subir el material. Con Mathieu subimos un día antes para instalar el campo y al día siguiente escalar, mientras Nico y Jean Louis subían por las cuerdas fijas e instalaban su portaledge.

 

“En plena oscuridad, el terreno se hizo completamente desconocido y peligroso, sin embargo, lo gestionamos de forma muy positiva y segura”

 

Ese día con Mathieu fijamos todas las cuerdas que teníamos (unos 200 metros), la altura se sentía, ya estábamos a unos 5.500m escalando y forzando como en Patagonia, pero con un poco menos de oxígeno. A la mañana siguiente, salimos disparados remontando esas cuerdas que tanto nos ayudarían en la bajada.

 

La roca no era la mejor, pero tampoco la peor; había largos muy intensos y/o alucinantes. Poco a poco, íbamos progresando por ese terreno virgen en todos los aspectos y poco a poco nuestras energías se iban agotando, pero cuando salimos al filo cumbrero y pudimos ver un horizonte con montañas de más de ocho mil metros a 360º en un día espectacular, con una visibilidad de 200km a la redonda. Fue una de las experiencias más increíbles de contemplar, con los gigantes del mundo frente a nosotros en primer plano, simplemente no había palabras para expresar la belleza de estas grandes formaciones geológicas y tanta inmensidad.

 

Cuando solo nos quedaban cinco días para emprender el regreso, decidimos motivarnos con Nico y hacer un último pegue alpino a la montaña que se encuentra al fondo del valle. Al día siguiente, partimos como flechas para ver qué nos deparaba el destino en esta nueva apertura. Una rampa de nieve para calentar de unos 300m y luego de tomar un desayuno en el filo. Con la primera luz del día, emprendimos dirección “terreno desconocido”. Encontramos dificultades de hasta M6/7. La cumbre era tan pequeña que solo podíamos estar sentados; el día magnífico. Entre buen clima y nubes, emprendimos la bajada, en la que nos llevó bastante tiempo instalar los rapeles, buscar una cuerda enganchada y desescalar la rampa para no dejar todo el material, pero al final llegamos al glaciar y con la última luz, al campo base.

 

“Con la primera luz del día, emprendimos dirección “terreno desconocido”. Encontramos dificultades de hasta M6/7. La cumbre era tan pequeña que solo podíamos estar sentados; el día magnífico”

 

Cuando llegamos, encontramos a muchos porters bajando las cargas y casi todo el campamento desmontado. Comimos, dormimos unas horas y al día siguiente arrancamos muy temprano para poder cruzar los ríos con menos agua.

 

Ahí comenzó otro pegue non stop. Bajamos del valle de Thagas hasta Skardu en el día. Al día siguiente, tomamos el avión de Skardu a Islamabad. El mismo día, viajamos 8 horas en un minibús atravesando unos paisajes mediterraneos para llegar esa misma noche a Lahort. Esa noche, salimos a conocer un poco la ciudad donde nos encontramos con gente local y compartimos una cena y una larga charla con té chai. Al día siguiente muy temprano, nos tomamos el avión de vuelta a Europa.