KÓOCH, revista de deportes de montaña. | Perú, un país donde las montañas tocan el cielo, donde la naturaleza es brutal y donde practicar deportes de montaña en la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra de Huaraz es una experiencia totalmente increíble.
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Categoría
mtb

KÓOCH #66/15

10 Junio 2021

 

PERU TAMBIEN SALE EN TRAIL

 

Por David Chacon

 

Perú, un país donde las montañas tocan el cielo, donde la naturaleza es brutal y donde practicar deportes de montaña en la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra de Huaraz es una experiencia totalmente increíble.

 

Huaraz sería nuestro centro de operaciones para movernos con soltura entre la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra. Partimos temprano por el norte del callejón de Huaylas y llegamos a la ciudad de Yungay (2.500 m) 1h aproximadamente, desde donde empezamos a ascender hacia la Cordillera Blanca por una serpenteante carretera de tierra. Un poco más tarde llegamos a Llanganuco, un increíble desfiladero de origen glaciar que se encuentra dentro del Parque Nacional Huascarán, un área natural protegida por el estado. 

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 Allí visitamos las lagunas de color turquesa Orconcocha y Chinancocha y nos dirigimos hasta el punto más alto de nuestro objetivo: “Portachuelo de Llanganuco” (4.765 m) donde las espléndidas vistas de las montañas son verdaderamente impresionantes: Huascarán Norte (6.650 m), Huascarán Sur (6.768m), Huandoy (6.395 m), Chopicalqui (6.345 m), Pisco (5.752 m), Yanapaccha (5.460 m).

 

A pesar de no haber pegado ojo en toda la noche parece que mi cuerpo se va adaptando a la altura y no siento tanta fatiga, al menos de momento. Ver como amanece mientras estamos ascendiendo es una sensación indescriptible. La luz del sol comienza a iluminar las montañas, la nieve empieza a brillar en los picos y todo toma un color y unas texturas increíbles. Por un momento puedo sentir que estoy en un sitio especial, el hogar de los dioses, algo grande, magnifico, indescriptible. La noche no ha sido fácil pero esto merece la pena.

 

A medida que vamos ascendiendo la fatiga se hace más intensa, es como si mis pulmones perdieran capacidad, mi corazón late con fuerza, tengo que ir regulando la respiración y bajar el ritmo. He de confesar que los últimos metros antes de alcanzar la laguna se me hicieron duros, pero merecieron la pena. No puedo imaginar lo que un alpinista de verdad puede experimentar, pero desde hoy siento todavía mas admiración y respeto si cabe por ese deporte. El paisaje resultaba brutal, abrumador, es como si esas imponentes montañas blancas estuviesen guardando un tesoro. Al bajar la mirada allí estaba ella, la Laguna 69, tranquila e impasible, parecía estar esperándonos. Tras unos minutos de relax y recreo para los sentidos, decidimos emprender la vuelta, alertados por unas oscuras nubes que se acercaban a gran velocidad.

 

“zonas muy técnicas con grandes barrancos a los lados empiezan a llegar, algunas curvas cerradas y otras imposibles donde tengo que utilizar mi técnica de trial para poder pasar sin desmontarme de la bici hacen que una gran sonrisa se dibuje en mi cara”

 

La bajada conseguimos hacerla a un ritmo muy rápido, la verdad es que no tiene nada que ver bajar de altura que subir, ahora si que voy suelto. Aunque el esfuerzo nos ha dejado tocados, han sido muchas horas sin dormir, de viaje y sin parar de hacer actividad. Estamos tocados. Cuando llegamos al campamento comemos algo y volvemos a tomar rumbo a Huaraz. Estamos realmente cansados, fatigados y con dolor de cabeza. Tras una ducha decidimos ir a cenar a la ciudad, el apetito ha vuelto con fuerza, eso siempre es una gran señal de mejoría. Le habíamos echado el ojo a una pizzería un tanto especial, elaboran sus pizzas con productos locales. Zumo de limón y unas pizzas que nos dejaron sin sentido hicieron que automáticamente pusiéramos rumbo a la cama.

 

Un nuevo día amanece, temprano como siempre. Hoy queríamos volver a una zona que nos encantó pero que no pudimos explorar todos sus senderos el primer día. Se trata de los senderos que hay en las montañas cercanas a Huaraz, casi todos sus senderos llegan hasta la ciudad y las vistas y la calidad de estos trails son increíbles. Decidimos subir con la pick up a la zona más alta e iniciar el descenso por unos barrancos que habíamos divisado a lo lejos. El paisaje es increíble, esperamos un poco a que la niebla se diluya, en cuanto aparecen los primeros rayos de sol comienzo con la bajada, un estrecho cañón me hace ir surfeando el interior de este, el firme es bastante deslizante ya que esta formado por pequeñas piedras que hacen que pierdas el control en cuanto tocas el freno, pero es demasiado divertido como para parar. Zonas muy técnicas con grandes barrancos a los lados empiezan a llegar, algunas curvas cerradas y otras imposibles donde tengo que utilizar mi técnica de trial para poder pasar sin desmontarme de la bici hacen que una gran sonrisa se dibuje en mi cara. Dios, estoy disfrutando demasiado. La parte intermedia aumenta de velocidad pero hay que andar con cuidado ya que de nuevo aparecen algunos barrancos de más de 50 metros de altura. Un pequeño repecho y la velocidad se multiplica por dos, ya se ve al fondo Huaraz, algunas grietas me obligan a mantener la atención al 100% y a saltar de un lado al otro del camino para evitarlas. Por fin llego al final y aparezco en un barrio periférico de Huaraz. Al poco rato Jean me alcanza y continuamos nuestro descenso, aunque esta vez urbano, a través de las calles de Huaraz, la gente nos mira extrañados pero sonrientes, el ambiente aquí es genial.

 

Fuente: endurospain.com